martes, 20 de abril de 2010

MALDITO CORAZÓN

Te fuiste después de nueve años juntos, con intermedios varios, con un hijo de 4 años.
Te fuiste cuando finalmente me sentí segura de tu amor. Sé y no sé que pasó, pero nunca he sabido explicárselo a Diego.
Te pregunté si había otra y me dijiste que no, me habías sido infiel, pero no había otra. La infidelidad la sabía, la había sentido. Sentí el abismo abrirse entre nosotros, pero según tú el único camino de cerrarlo dependía de mí, de encontrar pega, de pagar yo todos gastos del departamento y la vida diaria. Hasta te diste el lujo de renunciar a tu trabajo sin tener donde irte o qué hacer.
Así no me esforcé mucho en encontrar pega, mejor dicho sí lo hice, pero después de tapizar Santiago y alrededores con CVs y ni siquiera llamaban para entrevista dejé de hacerlo. Atendía a mis clientes, pero eran muy pocos y pagaban tarde, mal y nunca.
Cuando te fuiste sufrí la pena china por seis meses, hasta que un día, en la mitad de una película, paró, ya pude ver escenas de besos.
Años después estaba en la fila del banco, esas filas que dan vueltas y vueltas, esperando pagar o depositar un cheque, con un libro en las manos, aburrida, miraba para adelante, la típica tele que hay, para atrás, lleno de gente anónima aunque la mires veinte veces o más.
Al salir de la caja y pasar por la cola que quedaba te vi al lado de una mansa woman, macisa, crespa con el pelo largo, veintimuchos, treinta y pocos. No me miraste, ella sí. Te llamé:
- Jaime
Nada.
- Jaime
Nada, y ella mirándome.
Necesitaba hablar contigo del Diego, si lo ibas a ver el fin de semana o no.
Finalmente, al tercer “Jaime” te diste por aludido, me miraste, conversamos, me fui.
Unos días después te pedí que me firmaras un permiso para que Diego fuera a Mendoza. Lo que salimos de la notaría me invitaste a tomar un café. Me contaste que ella se llamaba tanto y tanto, no me acuerdo, que no era tu polola pero algo sentías por ella, pero tampoco nada serio. Que la querías ayudar, ella era de Putaendo y quería trabajar en Santiago o algo así. Y que la conocías hacía 5 años.
- Ya, te dije, lo que hagas o a quien quiera es cosa tuya, no te pido ni te doy explicaciones mientras no afecten al Diego.
- No, pero quería que supieras.
- Está bien, me pareció raro que me mirara tanto en el banco si no la conocía ni estaban de la mano tampoco. En todo caso si no quieres nada serio tienes que decírselo a ella, no a mí.
- Chao, chao, me tengo que ir.
Al par de días, recordando la conversa me dí cuenta que sólo llevábamos separados cuatro años, o sea, sí había otra cuando te fuiste. Y volvió a doler…
Ahí terminé de creer en ti y de pensar que a mí no, a mí no me habían dejado por otra.
Pero claro, siempre buscas la manera de quedar bien, de no molestar, pero tampoco te comprometes. Finalmente pude ver lo weón que eres, siempre hablas y hablas, pero no haces nada.
Y hasta hoy sigues solo, sin trabajo que ganarte la vida, en la casa de tu abuela, ratoneando la plata que deberías pasar para nuestro hijo, tratándolo como niño chico irresponsable cuando ya tiene 12 años y deberías fomentarle la seguridad en sí mismo, de ser capaz de hacer más y más cosas.
Pero solo hablas y hablas pontificas y ¡NADA MÁS! Hablas y hablas y ¡NO HACES NADA DE NADA!
Cada día estoy más contenta de no estar ya contigo, crié a nuestro sola algunos años, ahora estoy, estamos con Leonardo, un tipo que me ama y amo y ¡SÍ VALE LA PENA!

1 comentarios:

Anonymous serge antoine ha dicho...

Las palabras llegan primero al corazón, luego las digiere el intelecto. Te felicito

27 de abril de 2010, 20:26  

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